La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Una vida que transcurre oprimida bajo el peso de males tan fuertes, tan agudos, o bajo la amenaza de su eventualidad, jamás la llamarÃamos feliz si los hombres que asà hablan, lo mismo que se rinden ante la desgracia cuando se causa la muerte, vencidos bajo el duro golpe de las calamidades, se dignasen rendirse ante la verdad, vencidos también por razones de peso, en su búsqueda de la vida feliz, y si se quitaran de la cabeza la posibilidad de disfrutar del sumo bien en esta vida mortal: aquà las mismas virtudes, que son -no lo dudamos- el tesoro más preciado y más útil del hombre en este mundo, cuanto más eficaz protección son contra los peligros, las calamidades, los dolores, tanto son más evidentes testimonios de sus desventuras.