La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Dice más aún: que los buenos padecen desgracias como si fueran malos, y los malvados, como si fueran buenos, consiguen venturas. Éstas son sus palabras: Sucede otra vanidad todavía sobre la tierra: hay honrados a quienes toca la suerte de los malvados, mientras que a los malvados les toca la suerte de los honrados. Esto lo considero como una vanidad9. En esta vanidad, a la que el sabio varón dedica todo este libro con objeto de convencernos de ella (no con otra finalidad, evidentemente, sino la de inculcarnos el deseo de la vida que no tiene vanidad bajo este sol, sino la verdad bajo el autor de este sol), en esta vanidad, digo, ¿se desvanecerá, acaso, el hombre, hecho semejante a esta nada, sin un justo y recto designio de Dios?