La Ciudad de Dios

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He aducido lo presenciado por mí mismo; he aducido lo que oí a quien he dado fe como si yo mismo lo hubiera visto. Ahora voy a decir lo que he leído sobre esta piedra imán. Cuando se coloca a su lado un diamante, no atrae al hierro. Si ya lo había atraído, en cuanto se le acerca el diamante suelta el hierro. De la India nos vienen estas piedras de imán. Y si nosotros, una vez conocidas, dejamos de admirarnos de ellas, ¡cuánto más los que están en el país de origen, si las obtienen con facilidad! Quizá las tengan con tanta facilidad como nosotros la cal, de la que ya no nos impresiona su insólito modo de hervir con el agua, que suele apagar el fuego y no hervir con aceite, y que suele aumentar el fuego. Todo porque lo tenemos delante.

CAPÍTULO V

Cuántas cosas hay que la razón no puede comprender y, sin embargo, no hay la menor duda de su veracidad






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