La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Se habla de una sal de Agrigento, en Sicilia, que se diluye en presencia del fuego como si éste fuera agua. En cambio, con el agua empieza a crepitar como si fuera fuego. Hay en la región de las garamantas una fuente que de dÃa está tan frÃa que no se puede beber, y de noche tan caliente que no se la puede tocar. En el Epiro hay otra fuente en la que las antorchas encendidas -como ocurre con las demás fuentes- se apagan; pero las apagadas -esto ya no ocurre con las demás fuentes- las enciende. En Arcadia hay una piedra que, una vez encendida, no se puede apagar, llamada precisamente por ello asbesto. En Egipto se da una higuera cuyo tronco, en lugar de flotar como los demás troncos, se sumerge, pero aún hay más: después de llevar algún tiempo en el fondo del agua, sube a la superficie, cuando deberÃa haber aumentado de peso al empaparse de humedad. Se producen unos frutos en la región de Sodoma que llegan a tener el aspecto de maduros, pero al morderlos o apretarlos con la mano se rompe su corteza y se desvanecen en humo y ceniza. La pirita de Persia quema la mano de quien la aprieta fuertemente; por este «fuego» se la llama pirita. También en Persia se da la piedra llamada selenita, cuya blancura interior crece y mengua con la luna. Se da el caso de que en Capadocia las yeguas quedan fecundadas por el viento, y sus crÃas no viven más de tres años. La isla de Tilos, en la India, aventaja a todas las demás en que todos sus árboles no cambian nunca el ropaje de sus hojas.