La Ciudad de Dios

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Nosotros, en cambio, leemos en los libros divinos que incluso el mismo sol llegó a pararse cuando se lo pidió al Señor Dios el santo varón Jesús Nave, hasta terminar con la victoria el combate emprendido7. Incluso que ese mismo sol volvió atrás para cerciorar al rey Ezequías, con este nuevo prodigio, de la promesa de añadirle quince años a su vida8. Pero estos milagros, concedidos a los méritos de los santos, si es que los creen de hecho los paganos, los atribuyen a artes mágicas. A esto alude lo que más arriba cité de Virgilio: «Detener el curso de los ríos y volver atrás la carrera de los astros». Leemos, en efecto, en la Sagrada Escritura que un río detuvo su curso superior, mientras las aguas inferiores siguieron fluyendo, cuando el pueblo de Dios avanzaba bajo el caudillaje del citado Jesús Nave9, y que ocurrió otro tanto al pasar el profeta Elías, y después su discípulo Eliseo10; igualmente, que el máximo de los astros se volvió atrás durante el reinado de Ezequías, hecho que acabamos de recordar. En cuanto a lo del lucero matutino de que habla Varrón, no se hace mención allí de que fuese realizado a petición de nadie.





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