La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 4. Pero lo que he referido de Varrón, aunque sea uno de sus historiadores, e incluso el más erudito, tal vez no lo crean como realmente sucedido: quizá porque la duración de su desviación fue demasiado corta y volvió a su curso de siempre, les impacta poco este caso. Tienen otro hecho extraordinario que todavÃa hoy se puede comprobar. Supongo que será suficiente para hacerles caer en la cuenta de que el haber observado la constitución de una naturaleza y tenerla perfectamente conocida no les da pie para que puedan dar normas a Dios, como si Él no pudiera cambiarlas o convertirlas en algo totalmente distinto de lo conocido por ellos. La región de Sodoma no ha sido siempre lo que es ahora; toda su extensión tenÃa el mismo aspecto que las demás, con una fertilidad igual o más abundante: de hecho, en la Biblia se la comparó al ParaÃso de Dios¹¹. Una vez tocada por el cielo -como nos atestigua su propia historia y se puede contemplar por los que llegan a esos lugares- su aspecto causa horror: un extraño hollÃn, frutos que, bajo un engañoso aspecto de madurez, ocultan dentro ceniza. Ésta es la realidad: antes no era asÃ, y ahora lo es. Mirad cómo su naturaleza, por un extraño cambio, fue convertida por el Creador de todas las naturalezas en este horror tan diferente, y a pesar de que hace tanto tiempo, todavÃa permanece asÃ.