La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 5. Ni fue imposible para Dios crear las naturalezas que quiso ni tampoco lo será el cambiar lo que Él quiera de las creadas. De aquí proviene toda esa selva de hechos extraordinarios que llamamos monstruos, ostentos, portentos, prodigios. ¿Cuándo acabaría yo esta obra si me propusiera recopilarlos y mencionarlos todos? Los monstruos están bien llamados así y se derivan de monstrare (mostrar), porque muestran algo con un significado; ostento viene de ostentare (presentar); portento de portendere, o, lo que es lo mismo, de præostendere (pronosticar), y prodigio de porro dicere, o sea, anunciar el futuro.
Caigan en la cuenta, no obstante, quienes pretenden interpretar tales fenómenos, con qué facilidad se equivocan en este campo, o también cómo pueden caer en las redes de una malsana curiosidad, impulsados por ciertos espíritus que tienen la específica misión de atraerse a los hombres que se merecen un tal castigo; llegan incluso a decir verdades, quizá porque entre su mucha garrulería alguna de sus afirmaciones da en el blanco de la verdad.