La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Y ¿qué pensamos nosotros de todo esto que parece, o dicen que parece, en contra de la Naturaleza? (El Apóstol, hablando al estilo humano, dice que el acebuche, injertado contra su naturaleza en el olivo; participa de su fecundidad)¹². ¿Qué decimos de estos fenómenos llamados monstruos, ostentos, portentos y prodigios? Que deben mostrar, significar, pronosticar y predecir que Dios realizará lo que predijo realizaría acerca de los cuerpos humanos, sin que se le interponga dificultad alguna, sin que ley alguna le ponga el veto. Creo haber demostrado suficientemente en el libro anterior cómo de hecho lo ha anunciado, entresacando de las santas Escrituras, nuevas y antiguas, no todos los textos referentes a la cuestión, sino los que he juzgado suficientes según el objetivo de la presente obra.
CAPÍTULO IX
El «horno» y la naturaleza de las penas eternas