La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero si optamos porque los demonios no tengan cuerpo alguno, no hay por qué molestarse más en este punto buscando afanosamente una solución ni calentarse la cabeza en ásperas discusiones. ¿Por qué vamos a negar que también los espíritus incorpóreos pueden ser atormentados por el castigo del fuego corporal, de modo misterioso, sin duda, pero real, cuando de hecho los espíritus humanos, ciertamente incorpóreos ellos, han podido ser en la actualidad encerrados en miembros corporales y después podrán quedar unidos a sus propios cuerpos con vínculos insolubles? Sí, los espíritus demoníacos, los mismos demonios espíritus, si es que carecen totalmente de cuerpo, se unirán, aunque incorpóreos, al fuego corporal para ser atormentados. Pero esto no será de forma que las llamas a ellos inherentes queden como informadas, convirtiéndose en seres animados, compuestos de cuerpo y espíritu; no. Su unión sería -ya lo he dicho- de un modo misterioso e inexplicable, recibiendo ellos la tortura del fuego, no transmitiéndole vida. Por cierto, que también este otro modo de unirse las almas a los cuerpos, cuyo resultado son los seres vivientes, es de todo punto admirable, incomprensible para el hombre. Y este milagro es el propio hombre.