La Ciudad de Dios

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Las leyes de esta ciudad no consiguen que sea de nuevo integrado en ella el que es ejecutado. Pues bien, las de la eterna ciudad tampoco logran hacer volver a la vida eterna al que ha sido condenado a la muerte segunda. Pero nos replican: ¿cómo se cumplirá entonces lo que dice vuestro Cristo: con la misma medida con que midáis se os medirá a vosotros25, si un pecado temporal es castigado con un suplicio eterno? No reparan éstos que la igualdad aquí aludida no estriba en el espacio temporal, sino en la correspondencia del mal, en el sentido de que quien obró el mal pagará con mal. Aunque propiamente puede ser interpretado teniendo en cuenta el contexto en el que hablaba el Señor cuando esto dijo, es decir, refiriéndose a emitir juicios y condenas. En este caso, quien juzga y condena injustamente, si es juzgado y condenado justamente, recibe en la misma medida, aunque no sea en lo mismo que él dio. Lo que él ha cometido es por un juicio, y por un juicio tiene que sufrir ahora. Y aunque cometió una injusticia en su condenación, ahora, por condenación, padece un justo castigo.

CAPÍTULO XII

Magnitud de la primera prevaricación. Por ella se debe pena eterna a todos cuantos se encuentran fuera de la gracia del Salvador


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