La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No sería posible mostrar ambas cosas en todos: si todos permaneciesen en el castigo de una justa condenación, en nadie aparecería la misericordiosa y gratuita redención; a su vez, si todos fueran rescatados de las tinieblas a la luz, en nadie aparecería la severidad del castigo. En este último apartado se encuentran más que en el primero, para que se vea cómo se nos debía éste a todos. Y aunque a todos fuera aplicado el castigo, nadie podría reprochar justamente la justicia del vengador. Con todo, los rescatados son un gran número, y por ello se deben dar gracias al Libertador por don tan gratuito.
CAPÍTULO XIII
Réplica contra la opinión según la cual los castigos aplicados a los malvados son para su purificación