La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Este mismo argumento vale también contra aquellos que para defender su propia causa tratan de contradecir las palabras de Dios bajo capa de una más indulgente misericordia. Para éstos la sentencia de Dios es verdadera en cuanto que los hombres son dignos de padecer lo que Dios les ha dicho, pero no en cuanto a padecerlo de hecho. En efecto -dicen ellos-, Dios los indultará por los ruegos de sus santos, quienes orarán tanto más insistentemente por sus enemigos cuanto son más santos, y su oración es ahora mucho más eficaz y digna de ser por Dios escuchada, puesto que están exentos de todo pecado.