La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios CAPÍTULO XII
Descubierta la vanidad de los dioses gentiles, está fuera de toda duda que no pueden dar la vida eterna a nadie quienes no ayudan ni a la misma vida temporal
Hemos tratado hasta el presente de las tres teologías que llaman los griegos mítica, física, política, que puede equivaler a los nombres latinos fabulosa, natural y civil; y hemos demostrado que no se ha de esperar la vida eterna ni de la fabulosa, que los mismos adoradores de tantos dioses falsos reprendieron con tal libertad, ni de la civil, de la cual está demostrado ser aquélla una parte, y es tan semejante o aún peor. Si a alguien no le parece suficiente lo que se ha dicho en este libro, añada tantísimas disertaciones de los libros anteriores, sobre todo del cuarto, acerca de Dios como dador de la felicidad. Pues ¿a quién habían de consagrarse los hombres con vistas a la vida eterna sino a la felicidad, si la felicidad fuera una diosa? Pero como no es una diosa, sino un don de Dios, ¿a qué Dios sino al dador de la vida eterna hemos de consagrarnos los que con piadosa caridad amamos la vida eterna, donde se halla la felicidad plena y verdadera?