La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios De todos modos, doquiera haya aprendido él estas verdades, ya en los libros de los que lo precedieron, ya, más bien, como dice el Apóstol, porque lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde que el mundo es mundo, lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras9, pienso haber dejado bien claro que con toda razón escogí a los filósofos platónicos para tratar con ellos lo que se ventila en la cuestión que hemos emprendido sobre la teología natural: ¿es preciso, atendiendo a la felicidad después de la muerte, hacer sacrificios a un solo Dios o a muchos?