La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Los escogí a ellos sobre todo, porque cuanto más elevado sentir tuvieron sobre el único Dios, que hizo el cielo y la tierra, tanta mayor gloria y prestigio alcanzaron. Cuánto fueron preferidos a los otros a juicio de la posteridad nos lo demuestra lo siguiente: Aristóteles, discípulo de Platón, varón de extraordinario talento, inferior en estilo a su maestro, pero muy superior a muchos, fundó la escuela peripatética, así llamada porque acostumbraba a enseñar paseando; y destacando por la gloria de su fama, conquistó para su escuela a muchísimos aun en vida de su maestro. Pero después de la muerte de Platón, Espeusipo, hijo de su hermana, y Xenócrates, su discípulo predilecto, lo sucedieron en la escuela llamada Academia, y por eso ellos y sus sucesores se llamaron académicos. No obstante, los más ilustres filósofos posteriores que siguieron a Platón no quisieron llamarse peripatéticos ni académicos, sino platónicos. Son bien conocidos entre ellos los griegos Plotino, Jámblico, Porfirio; y en las dos lenguas, griego y latín, destacó como platónico el africano Apuleyo. Pero todos éstos y los demás de este estilo, y el mismo Platón, pensaron debían hacerse sacrificios a muchísimos dioses.
CAPÍTULO XIII
Pensamiento de Platón sobre los dioses: no pueden ser sino buenos y amigos de las virtudes