La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Los seres vivientes, dotados de alma racional, se dividen en tres clases: dioses, hombres, demonios. Los dioses ocupan el lugar más alto; los hombres, el más bajo; los demonios, el intermedio. Pues los dioses tienen su morada en el cielo; los hombres, en la tierra; los demonios, en el aire. Y como es diferente la dignidad de los lugares, también lo es la de las naturalezas. Por tanto, los dioses son superiores a los hombres y a los demonios; los hombres son inferiores a los dioses y a los demonios, tanto por la categorÃa de los elementos como por la diferencia de los méritos. De suerte que los demonios, intermedios, como deben ser pospuestos a los dioses, a quienes son inferiores por el lugar, asà deben ser preferidos a los hombres, pues habitan más arriba que ellos. Tienen en común con los dioses la inmortalidad de los cuerpos y con los hombres, las pasiones del alma. No es extraño, pues, dicen, que se recreen con las obscenidades de los juegos y con las ficciones de los poetas, ya que les cautivan los afectos humanos, de que están muy lejos y ajenos en absoluto los dioses. De donde se sigue que Platón, al detestar y prohibir las ficciones poéticas, no es a los dioses, buenos todos y excelsos, sino a los demonios, a quienes priva del placer de los juegos escénicos.