La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Tenemos el argumento de Platón: compone y ordena proporcionalmente los cuatro elementos, interponiendo entre los dos extremos el fuego nobilísimo y la tierra inmóvil -los dos del medio-, el aire y el agua; y de tal manera, que cuanto el aire es superior a las aguas y el fuego al aire, tanto las aguas son superiores a las tierras; argumento que nos avisa suficientemente lo que debemos apreciar los méritos de los vivientes por el rango de los elementos. Aun el mismo Apuleyo, como los demás, llama al hombre animal terrestre, siendo muy superior a los animales acuáticos, aunque Platón da la preminencia a las aguas sobre la tierra.
De ahí podemos entender que, cuando se trata del valor de las almas, no se debe utilizar la misma medida que se usa en la gradación de los cuerpos; antes bien, puede ocurrir que un alma mejor habite en un cuerpo inferior, y un alma inferior en un cuerpo superior.
CAPÍTULO XVI
Sentir del platónico Apuleyo sobre las costumbres y las acciones de los demonios