La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Al hablar este platónico sobre las costumbres de los demonios, dijo que se ven sometidos a las mismas perturbaciones que los hombres, irritados por las injurias, aplacados con los obsequios, gozosos con los honores, complacidos con los diversos ritos de los sacrificios y perturbados si en ellos hay algún descuido. Entre otras atribuciones dice que les conciernen a ellos las adivinaciones de los augures, de los arúspices, de los adivinos y de los sueños; y también los prodigios de los magos. Los define brevemente diciendo que los demonios son, por su género, animales; por su alma, sujetos a las pasiones; atendiendo a su mente, racionales; en cuanto al cuerpo, aéreos, y en cuanto al tiempo, eternos. De estas cinco cualidades, las tres primeras son comunes con nosotros, la cuarta les es propia y la quinta la tienen común con los dioses. Pero observo que de las tres primeras que les son comunes con nosotros, dos también las tienen con los dioses.