La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Dice, en efecto, que los dioses son animales, ya que al asignar a cada uno sus elementos, nos colocó a nosotros entre los animales terrestres con los restantes que en la tierra viven y sienten; entre los acuáticos, a los peces y otros que nadan; entre los aéreos, a los demonios; en los etéreos, a los dioses. Y, por tanto, el pertenecer al género de los animales lo tienen los demonios común no sólo con los hombres, sino también con los dioses y con los brutos: por la inteligencia, son racionales con los dioses y con los hombres; por el tiempo, son eternos con sólo los dioses; como sujetos a las pasiones por el espíritu, coinciden con los hombres; cuanto a ser aéreos por el cuerpo, se encuentran solos.