La Ciudad de Dios

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2. Quisiera yo me dijeran éstos si los demonios han comunicado a los dioses que Platón no estaba de acuerdo con las ficciones poéticas sobre los crímenes de los dioses y callaron que a ellos les complacían: si han callado entrambas cosas, prefiriendo que los dioses estuvieran ignorantes de esto; si les indicaron ambas cosas, es decir, la prudencia religiosa de Platón para con los dioses y su propia obscenidad injuriosa contra los mismos dioses; finalmente, si pretendieron que fuera desconocida para los dioses la opinión de Platón, por la cual no quiso que los dioses fueran infamados con falsos crímenes por el desenfreno impío de los poetas, y en cambio no tuvieron reparo ni temor de mostrar su propia perversidad, con que aman los juegos escénicos, en que se celebran tales indecencias de los dioses. De estos cuatro interrogantes que he propuesto, escojan el que les plazca y sean conscientes del mal que achacan a los dioses buenos en cualquiera de ellos.

Si eligen el primero, han de confesar que no les fue lícito a los dioses buenos comunicar con el buen Platón cuando trataba de rechazar que se les injuriase, y habían comunicado con los demonios cuando se regocijaban con esas injurias, ya que, efectivamente, los dioses buenos no conocían al hombre bueno tan lejos de ellos, sino a través de los demonios malos, a quienes no podían conocer aun siendo vecinos.


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