La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No queda ya sino el cuarto; si lo eligen, es peor que los otros. Si los demonios anunciaron a los dioses las criminales ficciones sobre los dioses inmortales y los escarnios indignos de los teatros, así como su ardiente apetito y deleitosa complacencia en todo esto; si, por otra parte, se callaron que Platón, con filosófica gravedad, juzgó se habían de alejar de una excelente república todas estas cosas, ¿quién puede soportar que los dioses buenos se vean forzados a conocer por tales mensajeros los males de los perversos, aun los de los mismos mensajeros, y no puedan conocer los bienes de los filósofos contrarios a ellos, siendo aquéllos una injuria para los dioses y éstos un honor para los mismos dioses?
CAPÍTULO XXII
Repudio del culto de los demonios, contra Apuleyo