La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Los platónicos dicen que los dioses han sido desacreditados por las ficciones de los poetas, haciéndolos sujetos de afectos contrarios, propios de los demonios y no de los dioses
Puede decir alguien que no se refiere a todos, sino al número de los malos demonios, a quienes los poetas, sin apartarse mucho de la verdad, representan como dioses enemigos o amantes de los hombres, y que de éstos afirmó Apuleyo estaban sometidos a todos los vaivenes de pensamientos. ¿Cómo podremos entender esto si al decirlo describía el lugar intermedio que ocupan, en razón de sus cuerpos aéreos, no algunos, o sea, los malos, sino todos los demonios? Ésta es -dice- la ficción de los poetas: hacer dioses del número de estos demonios e imponerles los nombres de los dioses y distribuirles a su voluntad amigos o enemigos de entre los hombres, y esto valiéndose de la impunidad que les otorga la ficción del verso. Y, sin embargo, nos presentan a los dioses alejados, por el lugar celeste y la opulencia de su felicidad, de estas costumbres de los demonios. En esto consiste la ficción de los poetas, en llamar dioses a los que no son dioses y en hacerlos contender entre sí bajo el nombre de dioses por causa de los hombres, a quienes aman u odian por espíritu partidista. Y aun afirma que esta ficción no está lejos de la verdad porque, designando con el nombre de dioses a los que no son dioses, los describe tan demonios como son.