La Ciudad de Dios

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Si esto es así, ¿por qué no se coloca a éstos como intermedios entre los mortales miserables y los inmortales felices, pues tienen la felicidad común con los inmortales felices y la mortalidad con los mortales miserables? Ciertamente, si son felices, no tendrán envidia de nadie, pues no hay cosa más miserable que la envidia; y por eso se preocupan cuanto pueden por que los mortales miserables consigan la felicidad, a fin de que puedan ser inmortales después de la muerte, y unirse a los ángeles inmortales y felices.

CAPÍTULO XV

Sobre el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús

1. Si todos los hombres, como es mucho más verosímil y probable, mientras son mortales son necesariamente desdichados, habrá que buscar un intermedio que no sea sólo hombre, sino también Dios; así, con su intervención la mortalidad feliz de este intermedio conducirá a los hombres de la miseria mortal a la feliz inmortalidad. Era necesario que ese intermedio se hiciera mortal y no permaneciera mortal.



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