La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Uno es, pues, el mediador malo, que separa a los amigos, y otro el bueno, que reconcilia a los enemigos. Por eso hay muchos mediadores que separan, porque la multitud feliz lo es por la participación del único Dios. Privada de esa participación, la miserable multitud de ángeles malos se opone como impedimento, más bien que interpone su valimiento para la felicidad. Tratando en cierto modo de ensordecernos, para que no podamos llegar al único fin beatificante. Para su consecución no se necesita de muchos, sino de un solo mediador; de aquel, precisamente, cuya participación nos hace felices, del Verbo de Dios increado, por el cual todo fue hecho.