La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero no es mediador por ver Verbo; pues como sumamente inmortal y sumamente feliz, el Verbo está tan lejos de los mortales miserables. Es mediador en cuanto es hombre, manifestando con ello que no sólo para el bien feliz, sino también para el bien beatificante es preciso no buscar otros mediadores, a través de los cuales pensamos que hemos de preparar los escalones de la llegada; ya que un Dios feliz y beatificante, al hacerse partícipe de nuestra humanidad, nos suministró el resumen de la participación de su divinidad. Y al librarnos de la mortalidad y de la miseria, no nos transportó hasta los ángeles inmortales y felices para que fuéramos inmortales y felices con la participación de su gloria, sino que nos introdujo en aquella Trinidad cuya participación hace felices a los ángeles. Por eso, cuando quiso estar más bajo que los ángeles en la forma de esclavo¹ para ser mediador, permaneció sobre los ángeles en forma de Dios: haciéndose camino de vida entre los inferiores, el mismo que es vida entre los superiores.
CAPÍTULO XVI
¿Han definido racionalmente los platónicos a los dioses celestes, diciendo que para evitar el contagio terreno no se mezclan con los hombres, que necesitan ayuda de los demonios para allegarse a la amistad de los dioses?