La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Así juzgan más fácil contagiarse los demonios por los hombres que purificarse los hombres por los demonios, y que los mismos dioses se contaminarían, si no estuvieran preservados por la altura del lugar. ¿Habrá alguien tan infeliz que piense puede quedar limpio por este camino, donde se dice que los hombres contaminan, los demonios son contaminados y los dioses contaminables? ¿No elegirá más bien el camino en que mejor se evite la contaminación de los demonios y, para entrar en la compañía de los ángeles incontaminados, se purifiquen los hombres de la contaminación por el Dios incontaminable?
CAPÍTULO XIX
El nombre de demonio no se toma ya en buen sentido ni entre sus mismos adoradores