Libre Albedrio - BAC - Libro III

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Su movimiento es semejante al de la fuerza de la gravedad de en que éste es propio de ella, y aquel lo es del alma. Pero se diferencia en que la piedra no tiene en su mano el impedir ser arrastrada por la fuerza de la gravedad; en cambio el alma, si no quiere, nadie la obliga a este movimiento, de preferir los bienes inferiores volviendo la espalda a los superiores.

He aquí por qué el movimiento de la piedra es natural, y el del alma, voluntario.

Por esta razón, si alguien dijere que la piedra peca porque por su natural inclinación tiende hacia la tierra, yo no diría de él que es más estólido que la piedra, sino simplemente se le consideraría un mentecato. Pero al alma la acusamos de pecado cuando vemos claramente que a los bienes superiores antepone el goce de los inferiores.

¿Qué necesidad hay, pues, de investigar de dónde procede este movimiento por el que la voluntad se aparta del bien inmutable para entregarse a los bienes pasajeros, reconociendo, como reconocemos, que es un movimiento propio del alma, y además voluntario, y por eso culpable, y que todas las normas prácticas sobre esta materia nos advierten que, después de haber condenado y reprimido este mal movimiento, apartemos nuestra voluntad de las cosas temporales y la orientemos al goce del bien sempiterno?


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