Libre Albedrio - BAC - Libro III
Libre Albedrio - BAC - Libro III 3. Ev: —Veo, y hasta cierto punto palpo, y comprendo que es verdad lo que dices; porque nada hay, en efecto, que sienta yo tan firme e Ãntimamente que tengo voluntad propia y que por ella me muevo a procurar el goce de alguna cosa. Y en realidad no encuentro qué cosa pueda llamar mÃa, si no es mÃa la voluntad por la que quiero y no quiero. ¿A quién sino a mà ha de atribuirse el mal que hago por mi propia voluntad? Habiéndonos hecho Dios, y no pudiendo hacer nosotros bien alguno sino por medio de la voluntad, es evidente que para esto principalmente nos ha sido dada por nuestro buen Dios.
Si el movimiento por el que la voluntad se dirige a una u a otra parte no fuese voluntario y no estuviese en nuestro poder, no serÃa el hombre ni digno de alabanza ni de vituperio cuando, por decirlo asÃ, girase sobre el juicio de su voluntad hacia los bienes superiores o hacia los inferiores; ni deberÃa tampoco aconsejársele que, dando de mano a los bienes inferiores, procurase alcanzar los eternos, ni que cambiara la voluntad de vivir mal por la de vivir bien. Pero el que opina que al hombre no deben aconsejársele estas cosas, merece ser excluido del número de los hombres.
Un problema preocupante: ¿cómo compaginar la libertad del hombre con la presciencia de dios?