Libre Albedrio - BAC - Libro III

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31. Y de esta manera el Verbo de Dios, su hijo único, que siempre tuvo y tendía al diablo sometido a sus leyes, habiéndose hecho hombre, lo sometió también al imperio del hombre; y lo sometió sin exigirle nada por la ley de la fuerza, sino venciéndolo según ley de justicia. En efecto, engañada la mujer y derribado al hombre por medio de la mujer, pretendía someter a la ley de la muerte a toda la posteridad de Adán, impulsado ciertamente del malvado deseo de hacer daño pero con perfecto derecho. No obstante, su derecho sólo le sería valedero hasta el punto en que hubiera dado muerte a aquel justo en el que no pudo encontrar causa alguna digna de muerte, no sólo porque fue muerto sin haber culpa alguna en él, sino también porque nació sin intervención alguna de la concupiscencia, a la que de tal modo había subyugado él a todos sus cautivos, que retenía bajo su dominio cuanto naciera de allí, como fruto de su propio árbol, con un deseo malvado de posesión, pero a la vez con el más justo derecho.

Con plena justicia, pues, se ve obligado el demonio a dejar a los que creen en aquel a quien él dio muerte tan injusta. Por el hecho de morir en el tiempo ellos pagan la deuda contraída, y al vivir para siempre, viven en aquel que pagó por ellos lo que él no debía. En cambio justamente retiene consigo, como compañeros de su eterna condenación, a quienes ha persuadido a la perseverancia en la infidelidad.


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