Facundo

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Ya en la edición de 1845, Sarmiento había escrito esta confesión oportuna: «Después de terminada la publicación{15} de esta obra, he recibido de varios amigos rectificaciones de varios hechos referidos en ella. Algunas inexactitudes han debido escaparse en un trabajo hecho de prisa, lejos del teatro de los acontecimientos, y sobre un asunto de que no había nada escrito hasta el presente. Al coordinar entre sí sucesos que han tenido lugar en distintas y remotas provincias, y en épocas diversas, consultando a un testigo ocular sobre un punto, registrando manuscritos formados a la ligera o apelando a las propias reminiscencias, no es extraño que de vez en cuando el lector argentino eche de menos algo que él conoce o disienta en cuanto a algún nombre propio, una fecha, cambiados o puestos fuera de lugar»[8]. Fué don Valentín Alsina, su amigo unitario, uno de los que rectificó no pocos errores de hecho y de interpretación. En gratitud por ese comentario de enmiendas, Sarmiento le dedicó la segunda edición de su obra, y en la «carta-prólogo» de esa edición (1851) insiste sobre lo improvisado de su obra y «los muchos lunares que afeaban la primera edición»[9]. Ensayo y revelación para mí mismo de mis ideas—dícele a Alsina—, el Facundo adoleció de los defectos de todo fruto de la inspiración del momento, sin el auxilio de documentos a la mano, y ejecutada no bien era concebida, lejos del teatro de los sucesos, y con propósitos de acción inmediata y militante. Tal como él era, mi pobre librejo ha tenido la fortuna de hallar en aquella tierra, cerrada a la verdad y a discusión[10], lectores apasionados, y de mano en mano, deslizándose{16} furtivamente, guardado en algún secreto escondite, para hacer alto en sus peregrinaciones, emprender largos viajes, y ejemplares por centenares, llegar, ajados y despachurrados de puro leídos, hasta Buenos Aires, a las oficinas del pobre tirano, a los campamentos del soldado y a la cabaña del gaucho, hasta hacerse él mismo, en las hablillas populares, un mito como su héroe.» «He usado con parsimonia de sus notas, guardando las más substanciales para tiempos mejores y más meditados trabajos, temeroso de que, por retocar obra tan informe, desapareciese su fisonomía primitiva, y la lozana y voluntariosa audacia de la mal disciplinada concepción»[11].


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