Facundo
Facundo Estas desenfadadas confesiones del propio autor, relevan de toda otra prueba sobre la escasa autoridad que a esta obra debe concedérsele como trabajo de historia. Es el propio Sarmiento quien la considera, según se ha visto: 1.º, como «un fruto de la inspiración del momento»; 2.º, como «un ensayo y revelación para sí mismo de sus propias ideas»; 3.º, como «un mito» a la manera de su «héroe». El carácter subjetivo, parcial y militante del libro queda así confesado. Sarmiento se reconoce con ello, más en los dominios de la epopeya que en los de la sociología o la historia, como han creído algunos sociólogos ingenuos o pedantes, cuya ciencia consiste en ignorar la verdadera historia argentina. El caudillo de los Llanos habíale servido tan sólo de pretexto a su inspiración, para revelar, en esa especie de mito sintético de la guerra civil por él forjado, los horrores del desierto, de la ignorancia, del despotismo que tan gallardamente combatió.
No me es posible señalar aquí las numerosas rectificaciones{17} que a la parte histórica del libro podran hacerse[12]. Básteme recordar, sin embargo, que Sarmiento depuso en la vejez ese odio ciego por la persona de Quiroga y que no fué menos valiente su palinodia sobre Rosas. Estos son hechos que la crítica apasionada del Facundo ha perdido de vista también, y de los cuales no es posible prescindir si se desea calificar desapasionadamente este libro.