Facundo
Facundo Los diarios de Montevideo empezaron a llamar salvaje a Rosas; un día la Gaceta de Buenos Aires apareció con esta agregación al tema ordinario: muera los salvajes unitarios; repitiólo la mazorca, repitiéronlo todas las comunicaciones oficiales, repitiéronlo los gobernadores del interior, y quedó consumada la adopción. «Repita usted la palabra salvaje—escribía Rosas a López—hasta la saciedad, hasta aburrir, hasta cansar. Yo sé lo que digo, amigo.» Más tarde se le agregó inmundos, más tarde asquerosos, más tarde, en fin, don Baldomero García decía en una comunicación al Gobierno de Chile, que sirvió de cabeza de proceso a Bedoya, que era aquel emblema y{288} aquel letrero «una señal de conciliación y de paz», porque todo el sistema se reduce a burlarse del sentido común.
La unidad de la República se realiza a fuerza de negarla; y desde que todos dicen federación, claro está que hay unidad. Rosas se llama encargado de las Relaciones Exteriores de la República, y sólo cuando la fusión está consumada y ha pasado a tradición, a los diez años después, don Baldomero García en Chile cambia aquel título por el de Director Supremo de los asuntos de la República.