Facundo
Facundo M. Martigny, uno de los pocos franceses que habiendo vivido largo tiempo entre los americanos, sabía comprender sus intereses y los de Francia en América, francés de corazón que deploraba todos los días los extravíos, preocupaciones y errores de esos mismos argentinos a quienes quería salvar, decía de los antiguos unitarios: «son los emigrados franceses de 1789; no han olvidado nada ni aprendido nada». Y efectivamente: vencidos en 1829 por la montonera, creían que todavía la montonera era un elemento de guerra, y no querían formar ejército de línea; dominados entonces por las campañas pastoras, creían ahora inútil apoderarse de Buenos Aires; con preocupaciones invencibles contra los gauchos, los miraban aún como sus enemigos naturales, parodiando, sin embargo, su táctica guerrera, sus hordas de caballería y hasta su traje en los ejércitos.
Una revolución radical, empero, se había estado operando en la República, y el haberla comprendido a tiempo habría bastado para salvarla. Rosas, elevado por la campaña y apenas asegurado del Gobierno, se había consagrado a quitarle todo su poder. Por el veneno, por la traición, por el cuchillo, había dado muerte a todos los comandantes de campaña que habían ayudado a su elevación, y sustituído en su lugar hombres sin capacidad, sin reputación, armados, sin embargo, del poder de matar sin responsabilidad.