Facundo
Facundo No concebían la revolución sino bajo las órdenes de Soler, Alvear, Lavalle u otro de reputación, de gloria clásica; y mientras tanto, sucedía en Buenos Aires lo que en Francia había sucedido en 1830, a saber: que todos los generales querían la revolución, pero les faltaba corazón y entrañas; estaban gastados, como esos centenares de generales franceses que en los días de julio cosecharon los resultados del valor del pueblo, a quien no quisieron prestar su espada para triunfar. Faltáronnos los jóvenes de la Escuela Politécnica para que encabezasen a una ciudad que sólo pedía una voz de mando para salir a las calles y desbaratar la mazorca y desalojar al caníbal. La mazorca, malogradas estas tentativas, se encargó de la fácil tarea de inundar las calles de sangre y de helar el ánimo de los que sobrevivían a fuerza de crímenes.