Facundo
Facundo No por eso Rosas contaba con el espíritu de sus tropas, como no contaba con la campaña ni con los ciudadanos. Las conspiraciones cruzaban diariamente sus hilos que venían de diversos focos, y la unanimidad del designio hacía por la exuberancia misma de los medios, casi imposible llevar nada a cabo. Ultimamente, la mayor parte de sus jefes y todos los cuerpos de línea estaban complicados en una conjuración que encabezaba el joven coronel Maza, quien, teniendo en sus manos la suerte de Rosas durante cuatro meses, perdía un tiempo precioso en comunicarse con Montevideo y revelar sus planes.
Al fin sucedió lo que debía de suceder: la conspiración fué descubierta, y Maza murió llevándose consigo el secreto de la complicidad de la mayor parte de los jefes que continúan hoy al servicio de Rosas. Más tarde, no obstante este contraste, estalló la sublevación en masa de la campaña, encabezada por el coronel Cramer, Castelli y centenares de hacendados pacíficos. Pero aun esta revolución tuvo mal éxito, y setecientos gauchos pasaron por la angustia{310} de abandonar su pampa y su parejero y embarcarse para ir a continuar en otra parte la guerra. Todos estos inmensos elementos estaban en poder de los unitarios, pero sus preocupaciones no les dejaban aprovecharlos; pedían ante todo que aquellas fuerzas nuevas, actuales, se subordinasen a nombres antiguos y pasados.