Facundo
Facundo ¿Ha privado a sus conciudadanos de todos los derechos y desnudádolos de toda garantía? Pues bien: no pudiendo hacer lo mismo con los extranjeros, éstos son los únicos que se pasean con seguridad en Buenos Aires. Cada contrato que un hijo del país necesita celebrar, lo hace bajo la firma de un extranjero, y no hay sociedad, no hay negocio en que los extranjeros no tengan parte. De manera que el{317} derecho y las garantías existen en Buenos Aires bajo el despotismo más horrible. «¡Qué buen sirviente parece este irlandés!»—decía a su patrón un transeúnte por Buenos Aires. «Sí—contestaba aquél—; lo he tomado por eso: porque estoy seguro de no ser espiado por mis criados y porque me presta su firma para todos mis contratos. Aquí sólo estos sirvientes tienen segura su vida y sus propiedades.»
¿Los gauchos, la plebe y los compadritos lo elevaron? Pues él los extinguirá: sus ejércitos los devorarán. Hoy no hay lechero, sirviente, panadero, peón, gañán ni cuidador de ganado que no sea alemán, inglés, vasco, italiano, español, porque es tal el consumo de hombres que ha hecho en diez años; tanta carne humana necesita el americanismo, que al cabo la población americana se agota y va toda a enregimentarse en los cuadros que la metralla ralea desde que el sol sale hasta que anochece.