La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Aun después de calmado el primer ardor juvenil en muchos que después de regularizada la guerra, pidieron licencia temporal y su retiro, vueltos á Buenos Aires después de haber aspirado el humo de la pólvora, resistió Dominguito á los esfuerzos de sus amigos incitados á ello por la angustia materna, para que no abandonase el sendero que le trazaban sus brillantes estudios universitarios. Entonces dijo al Dr. Avellaneda la razón de su persistencia: "Mi suerte está echada. Me ha educado mi padre con su ejemplo y sus lecciones para la vida pública. No tengo una carrera, pero para ser hombre de Estado en nuestro país, es preciso haber manejado la espada; y yo soy nervioso, como Enrique II, y necesito endurecerme al frente del enemigo". ¿Qué oponer á estas razones?
Y sin embargo, había en ello una verdad palpable, ostentando las cicatrices de heridas ya curadas, por la herida misma. Escribo la historia de una alma, y ninguna de sus manifestaciones es indiferente para comprenderla.