La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Las cruces floridas de tan alegre matiz tentarían á tenderse sobre ellas á aquel á quien le pusieron una de durísima madera. Los ramos de Buenos Aires ideados por artistas floristas, con una peculiaridad de esta ciudad meridional, al punto que la Rístori mandaba fotografías á Italia de los colosales ramos con que se cubría el teatro cuando daba la Medea. Asumen la forma de monumento, de obras de arte, de canastas y retablos, que habrían estado bien en el entierro de Víctor Hugo; y todo este lujo de decoración floral, es el traje que reviste el Panteón el 2 de Noviembre, la de las exéquias solemnes de los pobres que en ese dia tienen, con la pompa de los ricos, su parte de honor, de pésame, de conmemoración. Ese dia hay para todos pompas, flores y construcciones de delicado gusto.
Al pasar la tradición humana á este desconocido hemisferio de la Cruz del Sur y de las nébulas polares, nos hemos mostrado antípodas con la misma lengua y los mismos símbolos. Quince abriles decimos de una beldad que abre á la luz su capullo, es decir, quince otoños; y entre las flores y los perfumes de la primavera, el dia que vuelven alborozadas las ausentes golondrinas, quisiéramos por tradición llorar á los muertos; pero la naturaleza que es nuestra guia, nos invita á sonreír y enjugar las lágrimas, como niños á quien los besos de su madre distraen de la efímera pena del momento.