La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Honramos, pues, la memoria de los nuestros á la manera de los griegos, cuyo Dios Supremo sonreía y siempre jovialmente, es decir divinamente, como Aquiles lloraba el cadáver de su amigo, bailando desnudo en torno de la pira de Patroclo.
El Panteon era hasta ayer un himno á la memoria de nuestros mayores y de nuestros hijos. Cada existencia es un drama, y no habría novela tan tierna ni trajedia tan pavorosa, como la que encierra bajo sus tapas de mármol cada uno de esos sepulcros. Cada uno de los que los visitan sigue en ellos el hilo de su propia vida, por sus padres, sus amigos y aun su época. Nuestra vista solo alcanza á ver en el sol los rayos, que cuando diverjentes, forman el prisma de los siete colores. Quedan sin embargo, otros rayos no entran en nuestra retina, los rayos oscuros, pero que afectan objetos sobre los cuales se reflejan, descomponiéndolos, pues tienen potencia química. Sir John Lubbok ha descubierto que las hormigas observan estos rayos sin luz del sol, como el hombre reflexivo, acaso el patriotismo que es el amor humano sin la carne, goza de esta cualidad, de ver lo que no vé el vulgo y no ver aquello que sobreabunda y no deja impresiones duraderas.