La vida de Dominguito
La vida de Dominguito El instinto popular no se equivoca, y en vano le direis á la madre que el alma de su hijo está en el cielo. Ella le llevará hoy sus muñecas y sus juguetes al sepulcro para que de noche, cuando nadie lo vea, estire su manecita helada y toque sus compañeros de infancia. Asi lo hacían las madres etruscas, por donde se conservan las muñecas de ahora tres mil años. En la Recoleta los sepulcros tienen forma de casas de vivir de los primitivos sepulcros de los constructores de las Pirámides. De ahí salieron todos los cultos á los muertos; allí volverán, pues ya las familias construyen altares y el 2 de Noviembre enciende hachones sobre candelabros. Los dioses Lares están ahí reunidos, los manes flotan como vapores en torno. Yo los he visto en las horas en que vagaba silencioso por aquella Necrópolis, y me he detenido á hablar con cada uno de los que me ayudaron á vivir. Cerrare los ojos para no distraerme con los rumores de mil carruajes, con el sordo murmullo de rezos y exclamaciones, acentuadas de tarde en tarde por un gemido, y ved aquí lo que yo solo vi.
El bosque que precede al Panteon, cuando sus sombras hayan sido espesadas por los siglos, abrigará aquí y allí sepulcros de hombres Representativos que habrán pasado ya por la consagración y la sanción de las generaciones.