La vida de Dominguito
La vida de Dominguito —Ha de haber ido á votar, contesta el padre, que conocÃa á su sonámbulo, y como nada podÃa suceder, nadie volvió á pensar en ello, hasta oÃr el grito de triunfo y de gozo del niño que decÃa desde lejos: Papá! ya voté.
Estás borracho! y contó su gloriosa hazaña, que confirmaron amigos que habÃan presenciado la escena. Algunos de los votantes apiñados en torno de la mesa, sintieron como una cuña por entre las piernas de unos y otros, para abrirse paso. Prestando atención uno de ellos al importuno, éste dijo su objeto, que era votar, y con tal convicción y ojos tan brillantes lo dijo, que se supuso que alguna alucinación habÃa de por medio. HÃzole gracia el caso y tomando al chicuelo de un brazo lo trepó sobre la mesa, diciendo muy serenamente al Presidente: Un ciudadano que quiere votar! y como en manera alguna se turbase, Presidente y electores hicieron que tomaban el caso á lo serio:
—SÃ, señor, puede usted votar.
—¿De qué parroquia es usted?
—Parroquia de San Isidro.
—¿Su nombre?
—Domingo Sarmiento.
—No señor, no puede votar, ha de ser hijo del cuyano Sarmiento.
—Soy chileno!
—¿Es usted casado?