La vida de Dominguito
La vida de Dominguito —¡Bárbaro!—¿Bárbaro qué?—Casi lo ha muerto el caballo! Supe entonces la tragedia. HabÃalo volteado el caballo y atravesádole de parte á parte el labio inferior los dos dientes delanteros, que eran los únicos que descollaban.
Averiguado el caso, se supo por el paciente, que lo habÃa alcanzado un guazo á caballo, en el callejón de Yungay, y viéndolo sin duda tan gallardo caballero, le habÃa dicho:
—¡Vamos patroncito corramos una carrera!
—Corramos, contestó el chico.
¿Y por qué no? Solo sà que como ambos caballos eran chilenos, al arrancar del uno, arrancó el mampato, y el ginetÃllo que no conocÃa este género de equitación, salió por el anca, dando de cabeza con su humanidad en tierra. La sangre habÃa sido restañada, y no se notaba miembro dislocado. Al dÃa siguiente todo marchaba á un restablecimiento completo; á los ocho, apenas quedaba una cicatriz; á los quince, volvÃan á asomar en el horizonte de la imaginación del ya convalecido y olvidadizo enfermo, las orejas del buen petizo, que á su turno se aburrÃa de su clausura.