La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Y al fin de todo, un hombre debe saber andar á caballo, en América sobre todo, y como no hay picadero se aprende á golpes, por aquello de que la letra con sangre entra. El mampato era de fiar, tranquilo y paciente; el incidente había sido extraordinario y el niño se tenía la culpa de haberse sustraído á la tutela paterna. Estaba castigado con la misma culpa y como el delincuente nada deseaba mas que volver á pecar, triunfó el partido de la acción y, acompañado primero, solo cuantas veces podía, acabó el hecho por hacerse familiar, como sucede con las erupciones del Etna que sepultan en lava una aldea y vuelve esta á los años á repetirse el mismo drama. Dióse tres ó cuatro golpes mas, sabidos ó confesados, que de los ignorados y ocultos él solo llevaría cuenta. Fué preciso del mal sacar partido y puesto que andaba á caballo ¿adonde iría mejor y mas regularmente que á la escuela?
Resolvióse mandarlo á la escuela de Villarino ó á la de Moreno, tan acreditada la una como la otra, tan amigos ambos, pues eran los Domingos constantes comensales en Yugay.