La vida de Dominguito

La vida de Dominguito

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—Qué mampato tan diablo, decía el complacido ginete, me obedece al pensamiento. Va á donde lo endilgo, aunque sea á una acequia.

Un mes después, el vehículo se había desajustado y era preciso recorrerle los resortes, operación que se hacía con la mayor buena fe, puesto que el resultado era infalible. Al dueño podía sin inconveniente aplicársele elmismo tratamiento. Mas tarde sobrevino la duda de si era al caballero y no al caballo á quien debían apretársele las clavijas. Un caballo adquiere el hábito de ir á un lugar, si allí lo llevan todos los días; y como la escuela era de descanso para él, es contra las reglas que no quisiese continuar por la calle habitual.

Un viejo Rosas de San Juan tenía la costumbre de ir á su viña en su viejo caballo todas las mañanas y pasar un puente de pilos atravesado sobre una acequia. A fin de repararlo, habían renovado los palos, dejando uno solo, para la gente de á pie. Llegado allí, el caballo extrañó la innovación; pero urgido por el viejo cegatón, inclinó la cabeza para reconocerlo, puso una mano celante de otra y llegó sin novedad al otro costado. Meses después, venía acompañado de un amigo, y vio que el caballo del viejo Rosas pasaba como un marinero el puente de un palo, y solo entonces supo el viejo la hazaña de equitador insigne que, sin saberlo, hacía todos los días.


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