La vida de Dominguito

La vida de Dominguito

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—Amartille usted un revólver; pregunte quien vive, y al tercero sino contesta, haga Vd. fuego, y yo respondo!

Oh! qué escena! El hombre avanza osadamente, seguímoslo nosotros los varones con cautela, ordenando á las mujeres se estén á retaguardia, por temor de las balas que pueden cruzarse. —No las tenía yo, sin embargo, todas conmigo con el Gobierno urquicista de Mendoza, como que me llevaron al llegar, de la mula á la jaula.

Dominguito con el cuello tendido sobre el de su caballo, trataba de discernir los bultos en la oscuridad y lo consiguió dicíéndome quedito, para no espantar la caza, y comprometer la situación:

—Ya los veo, papá.

—¿Dónde?

—Allí, señalando un jarillal, son dos…

De repente, pin! pan!… tiros á vanguardia. Avanzamos, se oye la carrera del peón que los persigue, vuelve al fin y nos dá parte de la batalla ganada.

—Han huido cobardemente, pero con todo esto no hay que descuidarse, que no sabe uno en qué país y entre qué gentes está.

El vencedor era un sargento cumplido, de Granaderos á caballo que tenía á mi servicio á guisa de asistente; cargaba una famosa carabina de Kolton de seis tiros, y era hombre de pasar un parte de una batalla imaginaria, como son tantas de las nuestras.


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