La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Desde la tierna edad de tres años y medio daba tales muestras de inteligencia, que los domésticos repetÃan algunas de las observaciones que hacÃa al experimentar alguna sensación nueva.
Más adelante se verá que éste adaptar á la vida real las imágenes, las palabras, ó las ideas adquiridas por oÃdas, por grabados, ó por lecturas, es una peculiaridad de su inteligencia y le hace pasar por ilusiones las más extrañas.
Siendo de tan corta edad, que era necesario que un peón lo llevase por delante en el caballo, al ir la familia de Santiago á Santa Rosa de los Andes, al descender los últimos contrafuertes de la cuesta de Chacabuco, ofreciósele á la vista de un golpe, y mirado de lo alto el bellÃsimo valle de Aconcagua, encerrado en un marco de montañas, como una masa de verdura de seis leguas de fondo, salpicada aquà y allà de casitas y alquerÃas. A los hombres hechos deleita aquella vista. Al niño lo tomaba de nuevo, y tendiendo los bracitos como para abrazarla, exclamó alborozado: ¡qué bosque tan lindo!… y á un rato de contemplarlo: —¡pero no cómo los del Brasil!
El peón que oÃa, quizá por la primera vez, Brasil, y acaso la palabra bosque no muy casera, como monte, arbolea, huerta, etc… le preguntó: —Patroncito, ¿en qué son mejores los del Brasil?… ¡Oh tanto TitÃ!
