La vida de Dominguito
La vida de Dominguito El Gobernador se dio un paseo, y volvió á pararse enfrente —¿Tiene Vd. propiedad, señor?
La finca en que está la posta es mÃa, Su Excelencia, y tengo algo.
Dos paseos del Gobernador; —y ¿sabe Vd. leer, señor?
Recién se desconcertó la arrogancia del paisano; contestó ruborizándose y bajando la cabeza:
—¡Oh! Si, señor, cómo no!…
Después de un corto paseo. —Bien, señor, retÃrese; yo lo haré llamar.
Los Ministros que presenciaban esta flajelación, conmovidos, hallaron que era demasiado para hombre de posición. A los tres dÃas volvió á presentarse el llamado, vestido comme vous et comme moi sin ostentación y sin muestras de enfado. Comprendió que habÃa sido adivinado y recibido el castigo que merecÃa. Al tiempo, si de las Lagunas ó de los Llanos de la Rioja se aparecÃa alguno con chiripá, sus conocidos le decÃan: —"que no te vea el Gobernador, porque ver chiripá y ver al diablo, es lo mismo."