La vida de Dominguito
La vida de Dominguito Residía por fortuna en San Juan, como cónsul chileno, un hermano del General Borgoños, con sus jóvenes hijas, y quien dice Borgoños de Chile, dice gustos refinados de alta sociedad, el high life como decimos aquí, y la casa del cónsul se hizo bien pronto el centro de la vida de salón, y en ella se reunían los jóvenes más cultos, y las señoritas de más fuste. Dicho se está que el oficialito flamante descollaba entre los leones menos amansados, de tal manera que si el jefe de los Burros no había asomado sus orejas hasta las ocho, salían en su busca, pues sin él todo palidecía, tal era la travesura y el desparpajo de aquel carácter de diez y seis años, que las circunstancias de la vida elevaban como con zancos al rango de hombre. ¡Cómo recordaban las ya señoras Borgoño, en 1881, aquella época feliz de su juventud, y cómo la recordaban largo tiempo en San Juan sus compañeros de diversiones y de alegrías juveniles! Y no era para menos.