El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir A lo largo de toda nuestra vida, siempre poseemos solo el momento presente y nunca nada más. Con la diferencia de que, al principio, tenemos un largo futuro ante nosotros, mientras que, al final, contemplamos un largo pasado a nuestras espaldas; y además, que nuestro temperamento, si bien no nuestro carácter, pasa por algunos cambios conocidos, con lo que cada vez la actualidad adquiere un color distinto.[131]
A cada suceso de nuestra vida le pertenece tan solo un momento del que se pueda decir que «es» y después para siempre que «fue». Con cada atardecer somos más pobres en un día. Quizá, ante la visión del transcurso del escaso tiempo que nos corresponde, nos enloqueceríamos, si no hubiera en lo más profundo de nuestro ser la conciencia secreta de que nos pertenece la fuente inagotable de la eternidad para poder una y otra vez renovar a partir de ella el tiempo de nuestra vida.
Ciertamente, sobre consideraciones como las arriba mencionadas uno puede fundamentar la doctrina según la cual disfrutar del presente y hacer de ello la meta de nuestra vida sería la mayor muestra de sabiduría, dado que dicha meta sería lo único real y todo lo demás nada más que un mero juego intelectual. Pero de igual manera podríamos calificarlo de la mayor necedad, pues aquello que deja de existir al momento, y que desaparece por completo, cual si fuera un sueño, no merece en ningún caso que le dediquemos un serio esfuerzo.[132]