El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I En los grados superiores de objetividad de la voluntad vemos que surge considerablemente la individualidad, en especial en el hombre, en la forma de una gran diversidad de caracteres individuales, es decir, como una personalidad completa expresada ya externamente por una fisonomÃa fuertemente marcada que abarca toda la corporización. Ese grado de individualidad no lo tienen ni con mucho los animales; solo los superiores poseen un viso de la misma sobre el que, no obstante, predomina por completo el carácter de la especie; precisamente por eso tienen poca fisonomÃa individual. Cuando más se desciende, más se pierde cualquier rastro de carácter individual dentro del general de la especie, quedando únicamente la fisonomÃa de esta. Si conocemos el carácter psicológico de la especie, sabemos con exactitud lo que se puede esperar del individuo; en cambio, en la especie humana cada individuo requiere estudio y fundamentación por sà mismo, lo cual resulta de la máxima dificultad de cara a determinar de antemano su conducta con alguna seguridad, debido a la posibilidad del disimulo que no aparece más que con la razón. Probablemente se asocie a esa diferencia de la especie humana respecto de todas las demás el hecho de que los surcos y circunvoluciones del cerebro, que están ausentes en las aves y en los roedores son aún muy débiles, en los animales superiores sean muchos más simétricos en los dos hemisferios y más constantemente los mismos en cada individuo que en el caso del hombre[113]. Además, hay que considerar como un fenómeno de aquel verdadero carácter individual que distingue a los hombres de todos los animales el que en los animales el impulso sexual busque su satisfacción sin una selección perceptible, mientras que en el hombre esa selección, de forma instintiva e independiente de toda reflexión, se eleve hasta el punto de convertirse en una poderosa pasión. Asà pues, mientras que todo hombre se ha de ver como un fenómeno de la voluntad especialmente determinado y caracterizado, e incluso en cierta medida como una idea propia, en los animales ese carácter individual falta en conjunto, ya que solo la especie tiene un significado peculiar, y su huella desaparece según nos alejamos del hombre; las plantas no tienen más peculiaridades individuales que las que se pueden explicar completamente por favorables o desfavorables influjos externos del suelo y el clima, y por otras contingencias; y asÃ, por último, en el reino inorgánico de la naturaleza desaparece por completo toda individualidad. Solamente el cristal se puede considerar en cierta medida como individuo: es una unidad del esfuerzo en determinadas direcciones que la solidificación neutraliza haciendo permanente la huella de aquel: y es, al mismo tiempo, un agregado a partir de su forma nuclear unificado por una idea, de igual modo que el árbol es un agregado a partir de la fibra única que brota y que se presenta repetida en cada nervio de la hoja, en cada hoja y en cada rama; y en cierta medida se puede considerar cada una de esas partes como una planta propia que se alimenta parasitariamente de la mayor, de modo que el árbol, en analogÃa con el cristal, es un agregado sistemático de pequeñas plantas, si bien solo la totalidad constituye la completa representación de una idea indivisible, es decir, ese grado determinado de objetivación de la voluntad. Pero los individuos de la misma especie de cristales no pueden tener más diferencias que las generadas por contingencias externas: podemos incluso hacer a voluntad que cada especie cristalice en cristales grandes o pequeños. Mas el individuo en cuanto tal, es decir, con huellas de un carácter individual, no se encuentra ya en la naturaleza inorgánica. Todos sus fenómenos son manifestaciones de fuerzas naturales universales, es decir, de grados de objetivación de la voluntad tales que no se objetivan (como en la naturaleza orgánica) por mediación de la diversidad de individualidades que expresan parcialmente la totalidad de la idea, sino que se presentan solamente en la especie y esta, a su vez, en cada uno de los fenómenos individuales plenamente y sin desviación. Puesto que el tiempo, el espacio, la pluralidad y el estar condicionado por causas no pertenecen a la voluntad ni a la idea (el grado de objetivación de la voluntad) sino solo a los fenómenos individuales de esta, la idea tiene que presentarse de forma exactamente igual en todos los millones de fenómenos de tal fuerza natural, por ejemplo, en la gravedad o la electricidad, y solo las circunstancias externas pueden modificar el fenómeno. Esa unidad de su esencia en todos sus fenómenos, esa inalterable constancia de la aparición de los mismos en cuanto se dan las condiciones para ello al hilo de la causalidad, se llama ley natural. Una vez que la hemos conocido por experiencia, podemos predeterminar y calcular con exactitud el fenómeno de la fuerza natural cuyo carácter está expresado y depositado en ella. Pero esa legalidad de los fenómenos de los grados inferiores de objetivación de la voluntad es precisamente lo que les da un aspecto tan diferente de los fenómenos de la misma voluntad en los grados superiores, es decir, más claros, de su objetivación: en los animales, en los hombres y su obrar, donde la aparición más o menos acentuada del carácter individual y el movimiento por motivos que con frecuencia permanecen ocultos al espectador por radicar en el conocimiento, ha hecho que hasta ahora se desconozca por completo la identidad de la esencia Ãntima de ambas clases de fenómenos.